“2025 se va: una despedida desde el corazón”

Hoy cierro los ojos y respiro profundo. Se va un año más. Un 2025 que muchos describen como intenso, difícil, a veces pesado, lleno de retos que no siempre supimos cómo enfrentar. Para mí, fue un año que enseñó, que retó mi paciencia, mi fe, mis límites y mi capacidad de amar. Fue un año en el que viví momentos que parecían eternos —unos dulces, otros amargos— pero todos grabados en mi memoria con la profundidad de quienes transforman.

No voy a fingir que fue fácil. 2025 se sintió como una montaña rusa emocional para muchos: conversaciones en las redes y en la vida real hablan de años complicados, de experiencias que pusieron a prueba nuestra resistencia y nuestras esperanzas. Algunas personas compartieron en comunidades en línea que este año fue emocionalmente agotador, lleno de lágrimas, derrotas personales y batallas internas que jamás imaginaron enfrentar. Otros describen sensaciones de pérdida, de despedidas, de relaciones que se desvanecen o caminos que cambian inesperadamente. 

Y sin embargo, entre todo lo difícil, también hubo luz. Hubo instantes en que, incluso en la penumbra, aprendimos algo sobre nosotros mismos. Descubrimos fortalezas ocultas, dimos pasos que antes nos daban miedo, elegimos levantarnos una vez más cuando no teníamos fuerzas para hacerlo. Para muchos, incluso en medio de la incertidumbre mundial —con noticias de desafíos globales, tensiones y polarizaciones— hubo destellos de resiliencia humana, de amor compartido y de esperanza persistente. 

Hoy me despido de este 2025 con gratitud.
Gracias por las lecciones silenciosas, por las sonrisas que surgieron en los días grises, por los abrazos que supimos dar y recibir, por los momentos simples que se convirtieron en recuerdos inolvidables. Gracias por los nuevos comienzos que surgieron cuando pensé que todo debía terminar. Gracias por las despedidas, porque hicieron espacio para lo nuevo.

A veces, la vida no nos da lo que esperamos, pero siempre nos da lo que necesitamos para crecer. Y si miro atrás, incluso con las lágrimas y las frustraciones, puedo encontrar motivos de agradecimiento que me llenan el corazón.

Ahora, con el 2026 a la vista, lo recibo con esperanza y apertura. Lo espero con la certeza de que cada nuevo año trae consigo una página en blanco, una invitación a escribir con más consciencia, con más amor, con más presencia. Lo espero con la confianza de que lo que no fue resuelto, puede transformarse; lo que dolió, puede sanar; y lo que espero con ilusión, puede florecer.

No prometo perfección para el 2026, ni días sin sombras. Pero sí prometo caminar con más claridad, con más bondad hacia los demás y hacia mí misma. Prometo cuidar lo que importa, soltar lo que pesa, amar con más intención y agradecer cada instante.

Porque al final, no se trata de que el año cambie mágicamente nuestra vida, sino de que nosotros aprendamos a caminar con más lucidez y corazón en los días que vienen.

Así que, 2025, gracias por todo lo que fuiste y por todo lo que me enseñaste. Que venga el 2026 con luz en los días difíciles, abrazos sinceros, sonrisas compartidas y paz en el alma.

Y a ti, querido lector, te deseo un año nuevo lleno de sentido, decrecimiento verdadero, de agradecimiento profundo y de sueños que valgan la pena vivir. 💛

 

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