La prisa nos está robando lo esencial

Vivimos corriendo. Corriendo para llegar, para responder, para producir, para cumplir. Corriendo incluso cuando no sabemos exactamente hacia dónde vamos. Y en medio de tanta prisa, siento —y siento que muchos sentimos—que estamos perdiendo algo muy valioso.

He observado, y lo hemos observado juntos, cómo nuestras relaciones se han vuelto rápidas. Cómo las conversaciones ya no profundizan. Cómo las emociones se consumen y se descartan como si fueran temporales. Nos acostumbramos a escuchar a medias, a mirar sin ver, a compartir sin conectar.

Todo tiene que ser inmediato. Mensajes cortos. Respuestas rápidas. Decisiones impulsivas.
Y si algo requiere tiempo, paciencia o presencia… lo dejamos para después.

Pero ¿qué pasa con lo esencial? Se nos va la vida entre pendientes. Se nos escapan abrazos. Se nos quedan palabras sin decir. Se nos olvidan momentos que merecían atención completa.

A veces me detengo y me pregunto —y sé que tú también lo has hecho—:
¿cuándo fue la última vez que escuchamos a alguien sin mirar el teléfono?
¿cuándo fue la última vez que disfrutamos un silencio sin sentir culpa?
¿cuándo fue la última vez que estuvimos realmente presentes?

Porque estar presentes se ha vuelto un acto casi revolucionario.

Estamos físicamente aquí, pero mentalmente en otro lugar. Compartimos mesa, pero no miradas. Compartimos espacio, pero no corazón. La prisa nos hace creer que todo es urgente. Que no hay tiempo. Que después será mejor. Y la verdad es que “después” muchas veces no llega. También hemos normalizado vivir cansados. Cansados del cuerpo, de la mente y del alma. Llenamos agendas, pero vaciamos corazones. Cumplimos horarios, pero olvidamos sentir. Y en ese intento constante por llegar más lejos, a veces perdemos el camino hacia adentro.

Yo misma me he sorprendido viviendo en automático, resolviendo sin respirar, avanzando sin disfrutar. Y cuando logro detenerme, entiendo algo importante: no necesitamos hacer más…necesitamos estar más. Más presentes. Más conscientes. Más humanos.

He aprendido —y seguimos aprendiendo— que lo verdaderamente importante no grita, no corre y no presiona. Lo esencial habla bajito: en una conversación sincera,
en un café sin apuro, en una caminata sin destino, en una risa compartida, en un momento de calma.

Lo esencial vive en lo simple. Pero para verlo, tenemos que bajar el ritmo. Tenemos que atrevernos a pausar. A respirar. A decir “espera”. A regalar tiempo sin mirar el reloj. Porque cuando vamos despacio, entendemos mejor. Sentimos más. Amamos más consciente.

Hoy elijo recordarme —y recordarnos— que no todo tiene que ser rápido. Que no todo se resuelve en un instante.Que las cosas profundas necesitan tiempo… igual que las personas. Volvamos a lo simple. Escuchemos más de lo que hablamos. Miremos a los ojos. Apaguemos el ruido. Y vivamos con intención.

La vida no se trata de correrla… se trata de sentirla.

Follow Us on Social Networks!

Síganos en las Redes Sociales

Latest news straight to your inbox!

Subscribase y manténgase informado
Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.
Secure, No spam.